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sábado, 20 de diciembre de 2008

No tiene desperdicio

lunes, 29 de septiembre de 2008

Una república bananera con misiles

Si este gobierno de Bush ha fracasado en su intento de convencer al Congreso,¿podrá el Congreso convencer al gobierno -a este o al que venga-?

COUNTRY FIRST?????

jueves, 11 de septiembre de 2008

EN EL SÉPTIMO AÑO...


El artículo publicado en el NYT de hoy por Roger Cohen es muy recomendable por ser sintético, claro y rico en ideas. Además, su trascendencia "bíblica" encaja con los modos de los hacedores actuales de este mundo. Ni en el séptimo año descansan...


In the Seventh Year
By ROGER COHEN
And in the seventh year after the fall, the dust and debris of the towers cleared. And it became plain at last what had been wrought.
For the wreckage begat greed; and it came to pass that while America’s young men and women fought, other Americans enriched themselves. Beguiling the innocent, they did backdate options, and they did package toxic mortgage securities and they did reprice risk on the basis that it no more existed than famine in a fertile land.
Thereby did the masters of the universe prosper, with gold, with silver shekels, with land rich in cattle and fowl, with illegal manservants and maids, with jewels and silk, and with Gulfstream V business jets; yet the whole land did not prosper with them. And it came to pass, when the housing bubble burst, that Main Street had to pay for the Wall Street party.
For Bush ruled over the whole nation and so sure was he of his righteousness that he did neglect husbandry.
And he took his nation into desert wars and mountain wars, but, lo, he thought not to impose taxation, not one heifer nor sheep nor ox did Bush demand of the rich. And it came to pass that the nation fell into debt as boundless as the wickedness of Sodom. For everyone, Lehman not least, was maxed out.
So heavy was the burden of war, and of bailing out Fannie and Freddie, and of financing debt with China, that not one silver shekel remained to build bridges, nor airports, nor high-speed trains, nor even to take care of wounded vets; and the warriors returning unto their homes from distant combat thought a blight had fallen on the land.
So it was in the seventh year after the fall of the towers. And still Bush did raise his hands to the Lord and proclaim: “I will be proved right in the end!”
And around the whole earth, which had stood with America, there arose a great trouble, for it seemed to peoples abroad that a great nation, rich in flocks and herds and land and water, had been cast among thorns and Philistines; its promise betrayed, its light dimmed, its armies stretched, its budget broken, its principles compromised, its dollar diminished.
And it came to pass that this profligate nation, drinking oil with insatiable thirst, could not cure itself of this addiction, and so its wealth was transferred to other nations that did not always wish it well.
Wherefore the balance of power in the world was altered in grievous ways, and new centers of authority arose, and they were no more persuaded by democracy than was the Pharaoh.
For Bush ruled over the whole nation, and so sure was he of his righteousness that he did neglect the costs of wanton consumption. And he believed that if the Lord created fossil fuel, fossil fuel must flow without end, as surely as the grape will yield wine.
Therefore, in the seventh year after the fall, with 1,126 of the slain still unidentified, their very beings rendered unto dust, their souls inhabiting the air of New York, it seemed that one nation had become two; and loss, far from unifying the people, had sundered the nation.
For the rich, granted tax breaks more generous than any blessing, grew richer, and incomes in the middle ceased to rise, and workers saw jobs leaving the land for that region called Asia. And some fought wars while others shopped; and some got foreclosed while others got clothes. And still Bush spake but few listened.
Behold, so it was in the seventh year, and it seemed that America was doubly smitten, from without and within.
And, lo, a strange thing did come to pass. For as surely as the seasons do alternate, so the ruler and party that have brought woe to a nation must give way to others who can lead their people to plenty. How can the weary, flogged ass bear honey and balm and almonds and myrrh?
Yet many Americans believed the exhausted beast could still provide bounty. They did hold that a people called the French was to blame. They did accuse a creation called the United Nations. They did curse the ungodly sophisticates of Gotham and Hollywood and sinful Chicago; and, lo, they proclaimed God was on their side, and carried a gun, and Darwin was bunk, and truth resided in Alaska.
For Bush ruled over the whole nation and so sure was he of his righteousness that he did foster division until it raged like a plague. Each tribe sent pestilence on the other.
And in the seventh year after the fall, the dust and debris of the towers cleared. And it became plain at last what had been wrought — but not how the damage would be undone.





lunes, 28 de enero de 2008

¿Qué saben de dinero si sólo el dinero conocen?

Que bonito atículo del autor del primer libro de economía que muchos leímos en lejanas épocas de disfrute vital. Por cierto, Zapatero se equivoca con los 400 euros de renta de retorno, aunque, quizás, le faciliten ganar las elecciones.


TRIBUNA: Paul A. Samuelson
Bush y las actuales tormentas financieras
Paul A. Samuelson 28/01/2008

"Ojalá tus hijos vivan tiempos interesantes". Estas palabras eran una antigua maldición, no un deseo de buena voluntad: las guerras y las revoluciones son épocas apasionantes. Una prosperidad prudente y pacífica es muy aburrida. Y así pareció evolucionar la macroeconomía entre 1980 y 2005, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo. Qué engaño.
1. En teoría, se había controlado ya la inflación, y el coste no habían sido más que dos breves recesiones sucesivas en el periodo 1980-1981, cuando Paul Volcker era presidente de la Reserva Federal.
2. Después vino la "saludable burbuja" del mercado de Wall Street que Merlín el Mago, encarnado por el astuto Alan Greenspan, dejó que se enconara a lo loco.
"Al fin y al cabo", decía el doctor Greenspan recordando su época en la camada de Ayn Rand
[fundadora del objetivismo], "si unas personas invierten en acciones o valores que están revalorizándose, ¿quiénes somos nosotros para poner en duda lo que hacen y bajar los márgenes permitidos de compra con financiación ajena o aumentar los tipos de interés de la Reserva Federal?" Con suerte, podía contarse con que las innovaciones de Joseph Schumpeter fueran beneficiosas para todos.
Lo que era inevitable sucedió precisamente cuando George W. Bush se hizo con la presidencia en 2000 y los republicanos obtuvieron mayoría en las dos Cámaras del Congreso.
El "conservadurismo compasivo" de Bush se tradujo en compasivos regalos fiscales a los plutócratas, además de una nueva desregulación de la contabilidad empresarial.
En Wall Street, los cínicos llamaron a esta nueva etapa "la nueva era de Harvey Pitt". Pitt fue nombrado presidente de la Comisión del Mercado de Valores estadounidense (SEC en sus siglas en inglés) precisamente porque había sido asesor legal de las Cuatro Grandes, las principales empresas de contabilidad. El primer discurso de Pitt proclamó el amanecer de "una SEC más amable".
Los abogados, contables y consejeros delegados entendieron lo que insinuaba Pitt: si uno se acogía a tal o cual vacío dudoso para eludir impuestos, a Hacienda no le iba a importar. Era posible ocultar las pérdidas y exagerar los beneficios mediante unos manejos de los balances que violaban las estrictas normas de contabilidad legisladas en los años anteriores a Bush.
¿Por qué traer a colación esta vieja historia? Por una buena razón.
Las bancarrotas y las ciénagas macroeconómicas que sufre hoy el mundo tienen relación directa con los chanchullos de ingeniería financiera que el aparato oficial aprobó e incluso esti-muló durante la era de Bush. El joven George Bush no sólo metió la pata en la política de Oriente Próximo. Además, la versión Bush-Rove de la democracia plutocrática logró la peculiar alquimia de convertir un ciclo normal de expansión y contracción en la vivienda en un pánico financiero mundial a la vieja usanza y difícil de controlar.
En esta ocasión, Estados Unidos fue la Eva del Paraíso que tentó a los banqueros suizos, alemanes y británicos para que comieran la perversa manzana de la no transparencia y la inconsciente utilización desmesurada de fondos ajenos para comprar. ¿Previeron Ayn Rand y el libertario Milton Friedman que el Edén del mercado de Adam Smith iba a convertirse en el desorden actual? ¿Dónde estaban el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, y los responsables del Banco Central Europeo y el Banco de Japón mientras empezaban a venirse encima estos desastres?
Ni los habituales consejeros delegados mediocres ni los dirigentes mundiales prestaron nunca la suficiente atención a los peligrosos vientos que empezaban a soplar. Si estuviéramos en 1929, la actual epidemia financiera sería el preludio de una larga depresión mundial. Por fortuna, la historia económica nos ha enseñado mucho desde entonces.
Los bancos centrales, como explicaron Walter Bagehot en el siglo XIX y Charles Kindleberger en el XX, son, sobre todo, los prestamistas de último recurso. Como diría Kipling, "¿qué saben de dinero si sólo el dinero conocen?" Cuando las acciones y los bonos se calientan o se congelan, la preocupación de la inflación, el mantra inicial de Bernanke, no es suficiente, ni mucho menos.
La calle, en todo el mundo, está pendiente de ver cómo hacen frente los Gobiernos al torbellino sembrado por ese exceso de desregulación: pérdida de puestos de trabajo; ahorros dilapidados; aumento de precios en la energía y las materias primas; ganancias de capital negativas en la vivienda y las carteras diversificadas. Por supuesto, algunos problemas se derivan de nuestros propios pecados de omisión y comisión. Otros, de las conmociones en el suministro: interrupciones en las perforaciones de petróleo de Oriente Próximo, inflación en las materias primas y los alimentos debido a la nueva demanda de un nivel de vida mejor en China. No obstante, son más los que proceden de los fallos cometidos por los administradores sociales a los que los votantes, ricos y pobres, eligieron para los más altos cargos.
Parece que, por fin, ha entrado en la Casa Blanca el viejo lema: "Es la economía, estúpido". Y el presidente George W. Bush -a quien enseñaron algo mejor que eso en Yale- se ha lanzado a formular, en serio, la propuesta de hacer permanentes las apresuradas ventajas fiscales y desregulaciones causantes de los escándalos económicos de hoy.
Varios asesores del circo que fueron los primeros años de Reagan, partidarios de la economía de la oferta, miembros desacreditados de la derecha radical, han salido de su retiro para volver a pedir que no haya impuestos sobre las ganancias de capital y que determinados servicios esenciales del Gobierno pasen a depender por completo de un impuesto de tipo único para los asalariados.
Cuando el miedo al riesgo ahoga tanto la inversión como el consumo, la receta para que los bancos bajen más los tipos de interés es un gasto presupuestario sensato y mesurado.
Las locuras de los electorados se pueden remediar en futuras elecciones. Sin embargo, todo el mundo sabe que, hoy en día, el dinero sirve para comprar votos legalmente. Por eso los realistas matizan su optimismo con cierta cautela.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Irak: El negocio de una ocupación




Ayer martes 4 de diciembre el programa Documentos TV de La 2 de TVE emitío un documental de los que ganan premios internacionales y pronto pasan al oscuro archivo del olvido. Brillantemente editado, el documental sintetiza en menos de una hora el transcurrir de la intrahistoria de la ocupación estadounidense de Irak.

La resolución 1483 aprobada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 21 de mayo de 2003 establecía un Fondo para el Desarrollo de Iraq: "Resolution 1483 and the laws and usages of war, authorized the Coalition Provisional Authority as the administrator of the Fund. At the request of the CPA Administrator in May, 2003, the U.S. Federal Reserve Bank of New York established the "Central Bank of Iraq-Development Fund for Iraq" account. The DFI is held on the books of the Central Bank of Iraq. The corpus of the DFI is held in the account at FRBNY for the Central Bank of Iraq. A portion of the fund has been transferred to Baghdad, Iraq and used to establish a DFI-Baghdad account at the Central Bank of Iraq, for the purpose of meeting cash payment requirements in country, for the benefit of the Iraqi people" . La realidad es que la CPA, amparada en la citada resolución, en la plena asunción de poderes soberanos bajo los designios del Pentagono y no del Departamento de Estado, y en las leyes y usos de la guerra (sic), hizo y deshizo a su antojo. La Reserva Federal Americana emitío 23.000 millones de dólares en billetes de 100$, los empaquetaron en cajas y fueron transportados por el ejército norteamericano desde la base aérea de Andrews (Washington DC) hasta Bagdad.

La oferta monetaria no fue utilizada de forma adecuada a los fines previstos (reconstrucción, reformas sanitarias, potenciación de red energética, etc.). De hecho hoy se produce menos energía que en 2003, menos petróleo que antes de la ocupación, los hospitales no han visto una renovación de su material y sus equipamientos (bebés prematuros mueren por no disponer de mascarillas de oxígeno), el acceso a agua potable se ha reducido a determinados núcleos urbanos y las enfermedades infecciosas recorren grandes áreas del país.

Irak no era un país idílico antes de la guerra. Saddam Hussein y su corte de lacayos asesinaron, violaron sistemáticamente derechos fundamentales de muchas personas y sembraron el pánico, la tortura y el silencio entre la población. Pero Irak no era un país subdesarrollado ni un estado "fallido". Tenía riqueza, cierta industria, comercio y servicios y, fundamentalmente potencial y recursos humanos preparados para, en condiciones de libertad y democracia, erigirse en el principal motor del país hacia la consolidación del desarrollo económico y social. La administración Bush, con la complacencia de sus socios, no permitió que ello sucediera. Se optó por nombrar gestores con experiencia en, por ejemplo, la gestión del sistema de salud del Estado de Michigan antes que por otorgar confianza a los gestores iraquíes que conocían bien su país, sus carencias y sus oportunidades. Éstos no eran leales. Peor todavía: al fiasco se unió el delito y de los 23.000 millones de dólares, al menos la mitad desaparecieron de sus sacas. Un enjambre de ávidos hombres de negocios fáciles se hicieron pronto con el botín y lo sacaron del país en avión, tal y como entró. Del desarrollo de Irak poco o nada se sabe. La CPA se disolvió y traspasó sus competencias a la Embajada de los Estados Unidos en Baghdad. Conmovedor.

domingo, 13 de mayo de 2007

Algo nuevo se está cociendo en Oriente Medio


Abba Eban, destacado diplomático israelí fallecido poco después del 11-S, afirmó en una ocasión que los políticos toman las decisiones correctas, pero antes suelen agotar todas las demás. Puede ser una afirmación válida para el caso del repentino afán de la adiministración Bush por emplear la palabra Diplomacy, y en qué sentido la emplea, después de un período de 5 años concentrada exclusivamente en una contundente pero ineficaz represalia militar. Conviene identificar 3 escenarios clave para los próximos meses: los efectos políticos de la última cumbre de la Liga de Estados Árabes celebrada en Riad los días 28 y 29 de marzo 2007, en la que se ha aprobado un documento -Declaración de Riad-que puede ser de vital importancia para el futuro de la Iniciativa Árabe por la Paz y la definitiva solución del más largo y contagioso conflicto de la historia contemporánea; las implicaciones regionales de un probable cambio de gobierno en Israel; y la aparente aceptación de Irán por iniciar convesaciones bilaterales de alto nivel con Estados Unidos, en principio sobre la (in)seguridad en Irak.

Pudiera darse el caso de que en la administración Bush se hubieran convencido de la necesidad de dar un oportunidad a un nuevo paradigma internacional construido sobre un pilar hasta ahora puesto en cuestión, cuando no menospreciado, esto es, la legitimidad internacional. Hasta ahora, no considerarla, sólo ha ocasionado pérdida de legitimidad interna (así lo reflejaron los resultados de las "mid-term elections"). Puediera ser que, ante el caos al que nos conducen las represalias militares unilaterales, aquellos que propugnan la necesidad de recuperar la supremacía del derecho internacional vayan ganando paulatinamente mayor peso en los procesos de toma de decisiones, en particular respecto de la situación global en Oriente Medio. Vayamos por partes:

1. La Declaración de Riad (también conocida como la iniciativa saudí) puediera resultar un punto de partida crucial para una solución equilibrada del conflicto en Oriente Medio, por tratarse de un documento propuesto por la diplomacia de un Estado pivote en el conflicto, cuyos letra y espíritu no son los propios de una política de confrontación, y que pretende regionalizar no el conficto sino su solución, haciéndola creíble y legítima. Parece evidente que tras años de negociaciones bilaterales, los representantes palestinos e israelíes son definitivamente incapaces de llegar a un acuerdo final por sí mismos. Les separan detalles que suponen no más del 1% del territorio bajo negociación, pero son detalles que afectan muy directamente al plano histórico-emocional, caso de Jerusalén (demasiada historia y demasiada poca geografía...). Por tanto, sólo a partir de una propuesta como la saudí, que sea convincente y legítima -al aprobarse en un foro como la Liga de Estados Árabes lo es-, qy ue enmarque la solución en el ámbito regional siendo posteriormente respaldada por los Estados Unidos, la UE y el Consejo de Seguridad de la ONU, sólo a partir de entonces, las partes estarán en condiciones de adoptar una solución definitiva. Y digo definitiva porque el marco multilateral descrito será el garante de su continuidad ante posibles violaciones. La próxima visita de Condoleezza Rice a Madrid puediera ser importante para favorecer la convergencia de posturas al respecto, además de un buen momento para empezar a pensar en una Cumbre Madrid 2 (16 años después) quizás para después del verano.

2. Sin embargo, los plazos parecen estar vinculados al futuro de Olmert. En Israel, los gobiernos que pierden guerras no gozan de segundas oportunidades. Por ello, y tras el informe Winograd sobre los errores del gobierno en la invasión del Líbano, es muy probable que el gobierno Olmert caiga. El nuevo gobierno entrante tendrá que tomar decisiones difíciles y bajo ese condicionante debe ser elegido. No deberá dejarse manipular por quienes consideren que la iniciativa saudí es una "iniciativa trampa" aunque, en todo caso, es probable que la presión ejercida por Estados Unidos, en su afán por recuperar la diplomacia, resolver el conflicto y con ello eliminar de un plumazo el argumentario de AlQaida en el mundo y, en especial, en Irak, pese más que cualquier otra circunstancia. Por tanto, Israel se enfrenta a un momento diplomático crucial para su destino al no poder no tomarse la iniciativa árabe en serio y tener que sentarse a negociar en un "entorno" no muy favorable.

3. Pero la administración Bush no sólo está volcada en la vía diplomática por causa del fiasco de Irak, sino que tiene un ojo puesto en el emergente papel que Irán (país no-árabe por naturaleza y por ello temido por los países árabes) quiere desempeñar en la zona, principalmente en el terreno nuclear. Nada puede ser más temido por Teherán que el acuerdo definitivo con Israel, ya que acelerar un acuerdo entre los Estados Árabes (Palestina y Siria incluidas) e Israel significa aislar a Irán y obligarle a su vez a negociar.


Si este planteamiento se cumple, puede decirse que todos ganan: Estados Unidos saldría de Irak habiendo pagado un precio defendible por la paz, Israel obtendría reconocimiento y garantías de su soberanía, Palestina se constituiría como Estado soberano y un futuro por construir, los países árabes se concentrarían en el nuevo Nahda o Renacimiento Árabe que se propugna en la Declaración de Riad, consiguiendo con ello la supervivencia de los regímenes moderados tras debilitar a Al Qaida, e Irán legitimaría internacionalmente su revolución islámica y su posición en el Golfo, confirmándose con todo ello la veracidad de la afirmación de Eban: se habrían tomado las decisiones correctas, muchos miles de muertos después.